(DE PIERRE QUILLARD)
La antigua ciudad duerme callada entre sus muros;
Por la llanura avanza la hierba victoriosa,
Y de la vid ya cubren los racimes maduros
Los rotos capiteles bajo la luz radiosa.
El pastor su rebaño conduce a la hondonada
Que de silencio y brumas el crepúsculo llena,
Y va impasible hollando la tierra ya agostada
Donde alentó en su orgullo la vieja raza helena.
Del alba hasta la tarde prosigue indiferente;
Y ni el sol que los montes ilumina desiertos,
Ni la aurora que baña la llanura, en su mente
Despiertan la memoria de tantos dioses muertos.
En sus cerradas urnas, ya su ceniza yerta
Duerme por siempre, bajo borradas inscripciones,
Y cuando el vil insulto llega a la sacra puerta
Por donde vencedoras pasaron las legiones.
Ninguna espada surge viril a defenderte
Ni ampara ya tu pórtico que el tiempo desmorona
En el trágico duelo del olvido y la muerte…
La hiedra ya ha cerrado la boca a la Gorgona !
Ismael Enrique Arciniegas