OH CIUDAD, TU, MI HERMANA…

(DE GEORGES RODENBACH)

Oh ciudad, tú, mi hermana, a quien yo me parezco,
Ciudad que ha tiempo yaces al són de las campanas,
Ya no vemos los barcos que sus velas tendían,
Como redondos senos, al sol de la mañana,
Como senos hinchados por el mar. Somos ambos
La ciudad que en su duelo se duerme fatigada,
Y que en su amargo puerto ya barcos no contempla,
Los barcos cuyos flancos lucientes reposaban
Junto al tranquilo muelle. Ni ruidos ni reflejos…

En este gran silencio, los juntos, con sus lanzas,
Parece que retienen las aguas prisioneras,
Las aguas quietas, viudas, do sólo el viento vaga
Cual tendiendo sobre ellas un sudario… Ambos somos
La tristeza de un puerto: Tú, ciudad, tú, mi hermana,
Que el recuerdo tan sólo de los antiguos mástiles
En medio de tus sombras y tu silencio guardas,
Y yo, soñador triste, cuya vida, igualmente,
Es un gran canal muerto de verdinegras aguas.

Ismael Enrique Arciniegas

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