(DE JEAN RAYTER)
Tú, sueño de mis sueños, que me habrías amado
Si en mi terrena sombra te hubiera conocido;
Que vives, tal vez lejos, o junto a mí has pasado;
Tú, la esperada siempre, pero que no has venido;
Tú, que buscas en vano dos ojos soñadores
Que copien tus pupilas veladas por el llanto,
Y una frente agobiada por íntimos dolores,
Donde tu imagen brille bajo un radioso encanto:
Viviré siempre solo, mientras que tú, abstraída,
Forjarás ilusiones que el infortunio trunca;
Y aunque hacia ti mi ensueño me lleve, por la vida
Seguiremos buscándonos sin encontrarnos nunca.
Pasaremos errantes bajo un hado inclemente;
Tú, asida al brazo de otro, seguirás tu camino,
Y yo con mi tristeza, y a todo indiferente
Lo que la luz no sea de mi ideal divino…
Un día, entre el bullicio, tal vez nos encontremos,
Tarde, quizá muy tarde para ser ya dichosos,
Y las miradas trémulas tal vez apartaremos,
Cual dos extraños seres que vagan silenciosos.
Leerás una noche que un oscuro poeta
Se hundió en la muerte, al peso de un invencible hastío,
Que vivió siempre solo con su pasión secreta…
Y sentirás entonces honda tristeza y frío.
Y tomarás un libro, te acercarás al fuego;
Leerás… Y los versos que fijarán tu mente
Serán los versos tristes que escribo ahora… Luégo
Sobre la blanca página reclinarás la frente.
Volverás a leerlos, y un triste, amargo encanto
Irá encontrando en ellos tú alma conmovida;
Y para cada estrofa tus ojos tendrán llanto,
Porque sabrás entonces cuánto te amé en la vida!
Ismael Enrique Arciniegas