(DE ALBERT SAMAIN)
Alta noche. En lejano reloj la una suena.
¿A dónde voy? Lo ignoro. Mi alma de ti está llena.
Te veo. tu voz oigo. Blanca visión soñada
Se desliza en la tierra, como en el bosque una hada.
Y esa sombra radiosa, de púdicos sonrojos
Y de flotante veste, tiene tus mismos ojos,
Tus ojos de esmeralda, cuya ideal dulzura.
De agua dormida y diáfana evoca la frescura.
Y que a dormir convida, con íntimos anhelos.
Como el azul profundo del mar y de los cielos.
Y su vestido en pliegues, en la noche callada,
Su vestido, es el tuyo también. mi bien amada.
Tu vestido ondulante de bohemia loquilla.
Donde el oro en la seda con luz radiosa brilla;
Tu vestido que marca de tu seno la curva
Y aprisiona tu carne, cuya fragancia turba
Mi corazón, que sueña callado en su dolor,
Y hace correr en ondas en mi pecho el amor.
Solo estoy. Hay silencio en los muelles desiertos.
El alma de las flores de los cercanos huertos
Riega el aura en la noche dormida. azul y quieta.
Es una noche tibia de amante o de poeta.
Y en mí el amor palpita; sed tengo de tus ojos.
Y un impulso en mí alma para caer de hinojos.
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De coches retrasados lejos se oye el ruido…
Hay estremecimientos bajo el bosque dormido;
Las brisas aromadas en las frondas sombrías
Cantan y sus rumores son vagas melodías;
De las aguas del río se escucha el lento són.
Y todo un haz de estrellas tengo en el corazón.
Ismael Enrique Arciniegas