Titulo CÓDICE ANTIGUO
Poesia

Sus aguas el Saona rumoroso dilata
Por el lento deshielo. La mole ennegrecida
De piedra, corta el llano que despierta a la vida.
En el parque, vagando, y humilde la mirada,
Las manos sobre el pecho y en oración callada,
Pasan monjes, tendida hacia atrás la cogulla;
Y como una armonía celeste al campo arrulla.

Cielo tranquilo y diáfano.
La quietud del convento 
A la plegaria incita y a hondo recogimiento.
Las ventanas abiertas dan al jardín. Las rosas 
Sonríen bajo errante vuelo de mariposas; 
Y en las frondas, de nidos y de aves la algazara 
Es saludo a la aurora, que surge azul y clara.

En la amplia biblioteca, monje benedictino 
Tiene abierto en la mesa borroso pergamino,
Donde paciente artista de tiempo muy lejano,
Al principiar capítulos, pintó con hábil mano, 
En grandes iníciales y con vivos colores, 
Dragones, ninfas, grifos y ultraterrenas flores.

Con sus rubios cabellos sobre la frente vasta, 
Su palidez y el brillo de su pupila casta, 
Y con su hábito blanco, parece el monje, efebo, 
Del jardín ante el tibio primaveral renuevo.

Copia un códice antiguo: "Dafnis y Cloe".
Aromas
De los rosales suben y arrullos de palomas.

Absorto escribe.
Y Cloe se yergue ante sus ojos,
Púber, blanca, sin velos y con sus labios rojos, 
Así cual Longo un día radiante de verano 
La soñó junto a Dafnis, bajo el azul lesbiano.

Aromas, más aromas, va trayendo la brisa. 
Cloe sonríe; a Dafnis abraza, y su sonrisa 
Es rosa entre sus labios en flor. Y más fragancia, 
Arrullos y rumores llenan la quieta estancia.

Cloe pasa, se borra, mas de nuevo aparece.
En su naciente seno ya la vida florece;
Se pierde entre los árboles, vuelve nerviosa y bella,
Y muestra en el boscaje su desnudez de estrella.

Sobre la mesa el monje pensativo se curva;
Inquietud hasta entonces no sentida lo turba; 
Se alza rápido y torna a sentarse impaciente; 
Se pone en pie; se inclina, las manos en la frente, 
Y aromas... y un deseo el corazón le roe...
Y más vivaz irradia la pubertad de Cloe.

De pronto aparta el códice, y ante la azul mañana 
Tiende inquieto las manos, y cierra la ventana; 
Y sentado en la silla, pálido y sonreído, 
Se queda lentamente y en éxtasis dormido.

En el silencio entonces, bajo el azul y el oro
Del cielo, las campanas se oían; y en el coro 
Los monjes, en anhelo que del mal los liberte,
Cantaban de rodillas el Salmo de la Muerte.

 

                En Cluny. Siglo XV.
Bajo álamos de plata

 

 

 

       
Fecha 2009-09-25
 
 
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